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EXPEDIENTE / 056 — 749

La nave en el aire sobre Clonmacnoise

En algún momento de la década de 740, un analista irlandés escribió una sola línea: sobre Clonmacnoise se habían visto en el aire naves con sus tripulaciones. A lo largo de cinco siglos, esa línea creció hasta convertirse en la leyenda de un navegante del cielo que baja nadando en busca de una lanza perdida o de un ancla enganchada y empieza a ahogarse en nuestro aire pesado. En 1897, el ancla volvió a aparecer en Texas.

Grabado en acero en tono sepia de unas ruinas al salir la luna: a la izquierda, una alta torre redonda cubierta de hiedra; en el centro, una torre redonda más esbelta con remate y una pequeña iglesia de hastial; a la derecha, una cruz alta con anillo tallada y el muro de una iglesia sin tejado con un arco de medio punto, y más allá la luna reflejada en un río sinuoso bajo un amplio cielo surcado de nubes.
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«Clonmacnoise Cross and Ruins», grabado en John Savage (ed.), Picturesque Ireland, Nueva York, 1885, recortado. El amplio cielo vacío sobre el Shannon es donde se vieron las naves del analista. Grabador sin nombre; dominio público, vía la colección Internet Archive Book Images en Wikimedia Commons.

Una línea en los anales

Los anales irlandeses son lacónicos. Año tras año, sus compiladores anotaban muertes de reyes y abades, batallas, incendios de monasterios, tormentas y hambrunas, normalmente en una frase cada una, en una mezcla de latín e irlandés. En el año que los editores modernos de los Anales de Úlster fechan en 749 (el propio manuscrito lo cuenta como 748), la lista dice así: un rey de los Cruithin muerto, el monasterio de Clonfert incendiado, una batalla en Ard Ciannachta, un gran temporal de viento, el ahogamiento de la comunidad de Iona. Y entonces, como noveno asiento de la traducción: «Se vieron en el aire naves con sus tripulaciones sobre Cluain Moccu Nóis». En el original, el analista escribe en latín, «Naues in aere uisae sunt cum suis uiris», y luego pasa al irlandés para el lugar: «os cinn Cluana Mc. Nois», sobre Clonmacnoise. Ese es todo el informe. No hay ningún testigo con nombre, ni hora, ni forma, ni número de naves. Los años de alrededor fueron duros y extraños. El anal del año anterior registra una nevada de una profundidad insólita que mató a casi todo el ganado de Irlanda, seguida de sequía, y tres años antes la misma crónica anota, con la misma brevedad, que «se vieron dragones en el cielo».

Una página de manuscrito en vitela a dos columnas de apretada minúscula irlandesa en tinta parda; cada entrada anual empieza con una gran letra K y las palabras Anno Domini, y pequeñas glosas se apretujan en los márgenes entre las columnas y a lo largo de los bordes.
Una página de los Anales de Úlster en el manuscrito 1282 del Trinity College de Dublín, escrita por el copista Ruaidhrí Ó Luinín a finales del siglo XV. Esta página abarca los años 902–913; el asiento de las naves está antes en el mismo volumen, con el mismo estilo escueto, año por año. Dominio público, vía Wikimedia Commons. Fuente de la imagen · Public domain

Fuentes: The Annals of Ulster (texto latino e irlandés), entrada U749.10The Annals of Ulster (traducción), entradas U746.2, U748.3, U749.3–9, U755.2, U764.6, U786.3, U845.3

La ciudad de Ciarán

Clonmacnoise no era una ermita tranquila. San Ciarán, «el hijo del carpintero» en los anales, la fundó en la década de 540 (los Anales de Úlster dicen 548) sobre una loma de grava junto al Shannon, donde el río cruzaba el gran camino de este a oeste a través de las turberas de las Midlands, y murió allí al cabo de más o menos un año, a los treinta y tres de edad. En el siglo VIII era una de las grandes ciudades monásticas de Irlanda, lo bastante rica para que mereciera la pena quemarla y lo bastante poderosa para combatir. Los Anales de Úlster siguen su suerte en las décadas que rodean el avistamiento: abades que mueren en 740 y 753, el monasterio incendiado el 21 de marzo de 755 y, en 764, una batalla campal en Argaman entre la comunidad de Clonmacnoise y la de Durrow, en la que murieron doscientos hombres de Durrow. En 786, los mismos anales anotan, sin explicación, «una visión horrible en Cluain Moccu Nóis, y gran penitencia en toda Irlanda». Los vikingos llegaron después y saquearon el monasterio hacia 842; en 845, Turgéis, acampado en el Lough Ree, quemó Clonmacnoise «con sus oratorios». Las torres redondas, las cruces altas y las iglesias de piedra que ven hoy los visitantes datan en su mayoría del siglo X en adelante, reconstruidas tras las incursiones de reyes irlandeses, nórdicos y, al final, normandos.

El sol bajo del atardecer ilumina el hastial y la portada de una catedral de piedra sin tejado entre iglesias en ruinas más pequeñas, con el oscuro muñón de una torre redonda a la izquierda, losas sepulcrales y cruces esparcidas por la hierba, y praderas llanas inundables y un destello del río bajo un suave cielo melocotón y azul.
Clonmacnoise al atardecer, con la catedral bajo el sol bajo, la torre redonda de O’Rourke a la izquierda y el Shannon y sus praderas inundables al fondo. Foto: JohnGill, 2014, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons. Fuente de la imagen · CC BY-SA 4.0

Fuentes: The Annals of Ulster (traducción), entradas U746.2, U748.3, U749.3–9, U755.2, U764.6, U786.3, U845.3Clonmacnoise

Cuatro anales, cuatro fechas

La noticia aparece también en las otras grandes crónicas, lo que sugiere con fuerza un único registro antiguo copiado por distintas líneas de transmisión. Los Anales de Tigernach, en 748, dicen simplemente «Naues in aere uise sunt cum uiris suis», se vieron naves en el aire con sus hombres, y no nombran ningún lugar. Los Anales de los Cuatro Maestros, compilados en la década de 1630, lo sitúan en 743 y añaden un adverbio: naves con sus tripulaciones «se vieron claramente en el cielo este año». Los Anales de Clonmacnoise, que solo sobreviven en la traducción inglesa de Conell Mageoghagan de 1627, lo recogen en 744 con su espléndida ortografía: «There were shipes seen in the skyes with their men this yeare», este año se vieron naves en los cielos con sus hombres. El Chronicon Scotorum, otro anal vinculado a Clonmacnoise, tiene una laguna que abarca estas décadas. Y el Libro de Leinster, un compendio del siglo XII, intercala la línea latina en su lista de los reyes de Irlanda, bajo Domnall hijo de Murchad, que reinó de 743 a 763. De todos estos testimonios, solo los Anales de Úlster sitúan las naves sobre Clonmacnoise; hasta la crónica que lleva el nombre del monasterio omite el lugar.

Fuentes: The Annals of Tigernach (traducción), entradas T746.3, T748.3, T748.13Annals of the Kingdom of Ireland by the Four Masters, entrada M743.9The Annals of Clonmacnoise, being Annals of Ireland from the Earliest Period to A.D. 1408The Book of Leinster, formerly Lebar na Núachongbála, lista de los reyes (fol. 25b)Airship of Clonmacnoise

Tres naves sobre la feria de Teltown

Entonces la historia empezó a moverse. El Libro de Leinster conserva también una lista de las maravillas de Tailtiu, la gran asamblea real que se celebraba cada verano en Teltown, en el condado de Meath, donde los reyes presidían juegos, carreras de caballos y pleitos. Una de ellas es «ver tres naves navegando por el aire sobre ellos, cuando los hombres de Irlanda celebraban la asamblea con Domnall hijo de Murchad». El avistamiento del siglo VIII había adquirido una multitud y un rey. Para el siglo XI había adquirido también un argumento. En una colección de las maravillas de Irlanda conservada en la versión irlandesa de la Historia Brittonum, la nave aparece sobre la feria de Teltown en presencia de otro rey, Congalach hijo de Máel Mithig, que gobernó a mediados del siglo X y murió a manos de los nórdicos en 956. Uno de los tripulantes lanza un dardo a un salmón. El dardo cae entre la multitud, y un hombre baja de la nave a buscarlo. Mientras baja, un hombre de abajo lo agarra. «Me estoy ahogando», dice el hombre de arriba. «Soltadlo», dice Congalach, y el forastero queda libre y se va «lejos de ellos, nadando en el aire». James Henthorn Todd, que imprimió el texto irlandés en 1848, lo despachó como «esta historia sin sentido»; otro manuscrito hace que el navegante lance un tridente en lugar de un dardo.

Fuentes: The Book of Leinster, formerly Lebar na Núachongbála, lista de los reyes (fol. 25b)Of the Wonders of Eri (Do ingantaib Érenn), maravilla n.º 23The Irish Mirabilia in the Norse “Speculum Regale”Airship of Clonmacnoise

Un rey en el teatro de los irlandeses

La misma escena aparece en verso latino en De mirabilibus Hibernie, un poema sobre las maravillas de Irlanda que suele atribuirse a Patricio, obispo de Dublín a finales del siglo XI. Una de sus maravillas lleva el encabezamiento «De naui que uisa est in aere», sobre la nave que se vio en el aire. Un rey está en el «teatro de los irlandeses», probablemente una asamblea como la de Teltown, con miles de personas a su alrededor en vistoso orden, cuando de pronto ven una nave que corre por el aire. Uno de los tripulantes lanza una lanza tras un pez, la lanza cae a tierra y el hombre baja nadando y la recupera. El poema prescinde de la clemencia del rey y del hombre apresado desde abajo, pero conserva la inversión que hace perdurar la historia: para los navegantes, el aire sobre Irlanda es el mar, los irlandeses viven en su fondo, y un hombre puede bajar nadando a través de él tras una lanza perdida. El poeta termina preguntando quién podría oír algo así sin alabar al Tonante.

Fuentes: On the Wonders of Ireland: Translation and AdaptationAirship of Clonmacnoise

El ancla llega a Clonmacnoise

En algún momento la nave volvió a Clonmacnoise, esta vez con un ancla. Una versión irlandesa conservada en un manuscrito bajomedieval de Edimburgo (National Library of Scotland, Adv. MS 72.1.26) sitúa la historia en la iglesia de Clonmacnoise: un ancla cae del cielo, los clérigos la agarran, un hombre baja nadando tras ella y, como no la sueltan, protesta que se está ahogando, hasta que le permiten volver nadando a su nave con el ancla. Los especialistas no se ponen de acuerdo sobre su fecha. Kenneth Jackson creía que el texto era quizá de los siglos XIV o XV, mientras que el celtista John Carey lo asignó al periodo del irlandés medio tardío, antes de 1200 aproximadamente. Carey, cuyo artículo de 1992 trazó toda la evolución, propuso también de dónde salió el ancla. Una glosa a un antiguo himno irlandés a santa Brígida cuenta la historia de una nave en el mar cuya ancla se engancha en un monasterio del fondo del mar de Wight, y Carey sugiere que los monjes de Clonmacnoise tomaron prestado ese prodigio para su propia nave del cielo. Según su lectura, el Clonmacnoise de aquella época era una casa ávida de maravillas.

Un plano grabado del siglo XVII sobre papel con manchas de humedad, titulado Ecclesiarum & Coemetery Clonmacnoisae Descriptio, que muestra un recinto amurallado irregular con pequeños edificios de iglesias sombreados y marcados con letras de la A a la K dentro y a lo largo del muro, una rosa de los vientos arriba a la izquierda y una leyenda debajo que nombra Temple Keran, Temple Ri, Temple Coner, Temple Dermot, Temple Finian y otros.
Plano de las iglesias y el cementerio de Clonmacnoise grabado por Wenceslaus Hollar (1607–1677), con Temple Keran, la iglesia de Ciarán, marcada con la A. Un antiguo título de la estampa sitúa por error el lugar «en Úlster». Dominio público, vía la colección Hollar de la Universidad de Toronto y Wikimedia Commons. Fuente de la imagen · Public domain

Fuentes: Airship of ClonmacnoiseAerial Ships and Underwater Monasteries: The Evolution of a Monastic MarvelWhen a Sighting Report Is Not

Misa de domingo en Cloena

La versión más completa no se puso por escrito en Irlanda, sino en Noruega. Hacia 1250, un autor anónimo compuso el Konungs skuggsjá, el Espejo del rey, un diálogo en el que un padre instruye a su hijo en todo lo que un cortesano o un mercader debe saber, incluidas las maravillas de Irlanda. Una de ellas ocurrió, dice, en la ciudad llamada Cloena, que el estudioso Kuno Meyer identificó con Clonmacnoise, en una iglesia dedicada a un santo llamado Kiranus. «Un domingo, estando el pueblo en la iglesia oyendo misa, sucedió que cayó del cielo un ancla, como arrojada desde una nave», según la traducción de Laurence Larson de 1917. Llevaba atada una cuerda, y uno de sus brazos se enganchó «en el arco sobre la puerta de la iglesia». Los fieles salieron corriendo y siguieron la cuerda hacia arriba con la mirada. Vieron «una nave con hombres a bordo que flotaba delante del cable del ancla», y entonces un hombre saltó por la borda y se zambulló hacia el ancla, moviendo las manos y los pies «como los de un hombre que nada en el agua». La gente se abalanzó para apresarlo. Pero el obispo, cuya sede estaba en aquella iglesia, se lo prohibió, «porque, dijo, podría resultarle mortal, como cuando a alguien se le sujeta bajo el agua». Una vez libre, el buceador subió a toda prisa; la tripulación cortó la cuerda y «la nave se alejó navegando hasta perderse de vista. Pero el ancla ha permanecido desde entonces en la iglesia como testimonio de este suceso». El nórdico antiguo hace vívido el temor del obispo: el hombre moriría «sem hann væri i vatni haldinn», como si lo sujetaran en el agua.

Una alta portada gótica en un muro de caliza gris, con varios arcos apuntados de molduras profundas bajo un guardapolvo tallado, flanqueada por esbeltas pilastras rematadas en pináculos, con tres pequeñas figuras talladas de santos sobre el arco y una vista a través del vano del interior sin tejado y de una puerta lejana que da a la hierba verde.
La portada norte de la catedral de Clonmacnoise, el «Arco de los Susurros». Data del siglo XV, mucho después de que se escribiera el Espejo del rey, pero es el tipo de arco sobre la puerta de una iglesia en el que la historia nórdica hace que se enganche el ancla. Foto: Sarah Murphy, 2015, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons. Fuente de la imagen · CC BY-SA 4.0

Fuentes: The King’s Mirror (Speculum regale – Konungs skuggsjá), capítulo XI, «Irish Marvels which have Miraculous Origins»Speculum regale. Konungs-skuggsjáThe Irish Mirabilia in the Norse “Speculum Regale”

Maravillas oídas en Irlanda

El Espejo del rey sitúa el relato del ancla en una serie de maravillas irlandesas: una isla donde los muertos nunca se descomponen, un lago donde una estaca de acebo se vuelve hierro en el barro y piedra en el agua, y los hombres llamados gelts (del irlandés geilt, «loco»), que huyen aterrados de la batalla a los bosques y echan plumas al cabo de veinte inviernos. Kuno Meyer, que las comparó con las listas irlandesas en 1894 (reeditado en 1910), creía que el autor noruego las había reunido de viva voz en Irlanda y no de los libros. Su comparación mostró también cuánto se aparta la versión nórdica de las irlandesas entonces conocidas. Las listas irlandesas que conocía Meyer ponen la nave sobre Teltown y dan a su navegante una lanza; el texto nórdico la traslada a la iglesia de san Ciarán, como hace también el texto irlandés de Edimburgo, y solo él añade el obispo, el domingo y el ancla entera guardada en la iglesia como reliquia.

Una hoja de vitela gastada a dos columnas de letra gótica libraria en tinta parda, con una inicial decorada en rojo y azul en cada columna y algunas notas posteriores en el margen derecho; la página lleva el número 37 arriba a la derecha.
Una página de un manuscrito noruego medieval del Espejo del rey, reproducida en el Palæografisk Atlas de Kristian Kålund (1905), lámina 37. Esta página procede del relato del libro sobre Groenlandia, que sigue a las maravillas irlandesas. Dominio público, vía Wikimedia Commons. Fuente de la imagen · Public domain

Fuentes: The King’s Mirror (Speculum regale – Konungs skuggsjá), capítulo XI, «Irish Marvels which have Miraculous Origins»The Irish Mirabilia in the Norse “Speculum Regale”Airship of Clonmacnoise

Un día de fiesta en algún lugar de Britania

Cuatro décadas antes del Espejo del rey, el ancla ya había cruzado el mar de Irlanda. Hacia 1211, Gervasio de Tilbury, un jurista y cortesano inglés al servicio del emperador Otón IV, llenó sus Otia Imperialia, o Solaz para un emperador, de prodigios, y en su capítulo sobre el mar cuenta una versión más sombría, un prodigio que llama nuevo y muy comentado en su tiempo. Un día de fiesta, «en la Britania mayor», cuando una congregación salía de su iglesia parroquial después de misa a un aire espeso y nublado, encontró el ancla de una nave clavada en una tumba de piedra dentro del cementerio, con la cuerda tendida hacia el cielo. Mientras discutían sobre ella, la cuerda se movió como si alguien desde arriba forcejeara por soltarla, y de la niebla salió un clamor como de marineros que gritan. Entonces uno de los tripulantes bajó por la cuerda mano sobre mano, como hacen los marineros. Acababa de soltar el ancla cuando los presentes lo agarraron, y murió en sus manos, ahogado, como dice el latín de Gervasio, por la humedad de nuestro aire espeso, como si naufragara en el mar. Al cabo de más o menos una hora, los marineros de arriba lo dieron por ahogado, cortaron la cuerda y se alejaron navegando. El hierro del ancla, dice Gervasio, se convirtió en herrajes para la puerta de la iglesia, y todavía pueden verse. No nombra la parroquia. Un ancla más antigua cae en la crónica de Geoffroy de Vigeois, un monje lemosín del siglo XII: una nave «navis sursum in aere» sobre Londres en 1122, cuya tripulación tuvo que cortar la cuerda cuando los vecinos se abalanzaron sobre el ancla.

Fuentes: Des Gervasius von Tilbury Otia imperialia, in einer Auswahl neu herausgegeben (libro I, capítulo 13, «De mari»)Airship of ClonmacnoiseSt. Patrick’s Purgatory: An Essay on the Legends of Purgatory, Hell, and Paradise

El cuchillo de Bristol y el mar de arriba

Gervasio contó la historia del ancla como prueba de una tesis: que el mar está por encima de nosotros, en el aire. En el mismo capítulo añade una segunda prueba. Un hombre de Bristol que navegaba hacia Irlanda, muy lejos, en aguas remotas, estaba enjuagando su cuchillo por la borda después de comer cuando se le escapó de la mano; a esa misma hora cayó por la claraboya del tejado de su casa de Bristol y se clavó en la mesa delante de su mujer. Ella reconoció el cuchillo y lo guardó, y cuando él volvió a casa mucho tiempo después, el día y la hora coincidieron. Los lectores medievales tenían un texto para este océano superior en el primer capítulo del Génesis, donde Dios separa las aguas que están bajo el firmamento de las que están sobre él, y los escritores irlandeses en particular jugaron con la idea. En El viaje de Bran, el dios del mar Manannán conduce su carro sobre las olas y le dice a Bran que lo que a él le parece océano es una llanura en flor, y que los salmones que saltan son sus terneros y sus corderos. Sobre ese fondo, los navegantes del cielo no son tanto visitantes de otro mundo como vecinos del piso de arriba, que pescan, echan el ancla y se ahogan en nuestro aire pesado como nosotros nos ahogaríamos en el suyo.

Fuentes: Des Gervasius von Tilbury Otia imperialia, in einer Auswahl neu herausgegeben (libro I, capítulo 13, «De mari»)Voyagers in the Vault of Heaven: The Phenomenon of Ships in the Sky in Medieval Ireland and BeyondSt. Patrick’s Purgatory: An Essay on the Legends of Purgatory, Hell, and ParadiseIreland’s Upper SeaAirship of ClonmacnoiseWonders in the Sky: Unexplained Aerial Objects from Antiquity to Modern Times

Magonia

La historia de naves del cielo más antigua del continente no tiene nada que ver con Irlanda. Hacia 815, Agobardo, arzobispo de Lyon, escribió un tratado contra la creencia popular de que los hacedores de tormentas, los tempestarii, podían provocar el granizo. Se queja de que mucha gente cree y dice «que hay cierta región llamada Magonia, de la que vienen naves en las nubes» para llevarse las cosechas abatidas por el granizo y las tormentas, y de que los navegantes aéreos pagan el grano a los magos del tiempo. Peor aún, escribe, había visto a cuatro personas, tres hombres y una mujer, exhibidas encadenadas en una reunión como si hubieran caído de esas naves. Llevaban algunos días retenidas y se las mostraba a la multitud, «en nuestra presencia», como si fueran a ser lapidadas. Tras una larga disputa, dice Agobardo, prevaleció la verdad y sus acusadores quedaron confundidos, «como queda confundido un ladrón cuando lo sorprenden». Más de mil años después, Jacques Vallée tomó prestado el nombre para su libro de 1969 Passport to Magonia, que sostenía que los encuentros ovni modernos continúan el viejo folclore de las hadas y los visitantes aéreos. El libro citaba a Agobardo por extenso y dedicaba páginas propias a las historias del ancla.

Fuentes: Liber contra insulsam vulgi opinionem de grandine et tonitruisPassport to Magonia: From Folklore to Flying SaucersSt. Patrick’s Purgatory: An Essay on the Legends of Purgatory, Hell, and Paradise

El ancla aterriza en Texas

En 1844, el anticuario inglés Thomas Wright parafraseó el relato del ancla de Gervasio y el cuchillo de Bristol en un libro sobre leyendas medievales, y los colocó junto a la Magonia de Agobardo como ejemplos de una creencia medieval en un mar sobre el cielo. La redacción inglesa de Wright, con el ancla «enganchada en una de las lápidas» y los aldeanos haciendo con su hierro los goznes de la puerta de la iglesia, se recopió durante medio siglo, y en la primavera de 1897 volvió a circular como relleno de periódico. Una pieza titulada «A Sea Above the Clouds», atribuida al Boston Post, apareció en el Pine Bluff Daily Graphic de Arkansas el 7 de marzo y en otros periódicos a lo largo de la primavera. Aquella primavera, Estados Unidos estaba en plena gran oleada de aeronaves: tras un primer revuelo sobre California a finales de 1896, se informaba de naves iluminadas por todo el Medio Oeste y Texas. El 28 de abril, el Houston Post publicó un despacho de Merkel, Texas, fechado el 26 de abril: «Unas personas que volvían anoche de la iglesia vieron un objeto pesado que era arrastrado con una cuerda atada». Lo siguieron hasta que se enganchó en un raíl del ferrocarril, alzaron la vista y vieron lo que tomaron por la aeronave, con luz que salía de varias ventanas y «una luz brillante delante, como el faro de una locomotora». Al cabo de unos diez minutos, un hombre bajó por la cuerda. «Llevaba un traje de marinero azul claro y era de talla pequeña». Al ver a la gente junto al ancla, cortó la cuerda por debajo de él y se alejó navegando hacia el nordeste. «El ancla está ahora expuesta en la herrería de Elliott y Miller y atrae la atención de cientos de personas».

Un dibujo de periódico a pluma de una larga aeronave en forma de puro con una barquilla debajo, flotando a gran altura sobre nubes arremolinadas por encima de una vía de ferrocarril y unos cobertizos de madera, mientras un hombre en primer plano la señala y otro mira.
La aeronave misteriosa tal como la dibujó el Chicago Times-Herald el 12 de abril de 1897, dos semanas antes de la historia del ancla de Merkel. Dominio público, vía Wikimedia Commons. Fuente de la imagen · Public domain

Fuentes: St. Patrick’s Purgatory: An Essay on the Legends of Purgatory, Hell, and ParadiseA Sea Above the CloudsA Sea Above the Clouds. Extraordinary Superstition Once Prevalent in EnglandWonders in the Sky: Unexplained Aerial Objects from Antiquity to Modern TimesAirship of Clonmacnoise

Naves demoníacas y los libros de platillos volantes

La nave de Clonmacnoise entró en la literatura de los platillos volantes de la mano de Harold T. Wilkins, un escritor británico de misterios, cuyo Flying Saucers on the Attack (1954) volvía a contar la historia del Espejo del rey como una de las «naves demoníacas» de la antigua Irlanda. Su versión estaba deformada de maneras que los autores posteriores no supieron ver. Cloena se convirtió en «Cloera», san Kiranus en «St. Kinarus», el escritor del siglo IX Nennius fue situado hacia el año 212 d. C., y el cementerio sin nombre de Gervasio pasó a ser Gravesend, en Kent, donde un herrero habría convertido el ancla a martillazos en adornos para un atril. En Flying Saucer Review, en 1964, W. Raymond Drake ofreció lo que llamó una traducción de Gervasio «posiblemente la primera en inglés» y dedujo que el ancla cayó en Bristol. Frank Edwards, en Flying Saucers—Serious Business (1966), fechó la historia irlandesa en el año 956 d. C., el año en que murió el rey Congalach, y dio al ancla brazos afilados y un arco de madera en el que engancharse. Donald Hanlon puso el despacho de Merkel junto a los relatos medievales en Flying Saucer Review ese mismo año y encontró el parecido «francamente sospechoso». Jacques Vallée lo citó en Passport to Magonia: el relato de Texas «suena demasiado familiar para tomarlo a la ligera». John Keel abrió una sección de UFOs: Operation Trojan Horse (1970) con «el enigma de las anclas anómalas», puso la nave irlandesa, a Gervasio y Merkel junto al relato de un granjero de Iowa sobre el garfio de una aeronave que se le enganchó en los pantalones, y ofreció a los lectores una disyuntiva: o las historias eran derivadas, o aeronaves «todas arrastrando anclas aparecieron en 956, 1200 y 1897».

Fuentes: Flying Saucers on the AttackFlying Saucers UncensoredFlying Saucer Review: W. R. Drake, «Spacemen in the Middle Ages», vol. 10, n.º 3 (mayo–junio de 1964); Donald B. Hanlon, «Texas Odyssey of 1897», vol. 12, n.º 5 (septiembre–octubre de 1966)Flying Saucers—Serious BusinessPassport to Magonia: From Folklore to Flying SaucersUFOs: Operation Trojan Horse

Fuera de lo maravilloso

La versión moderna más famosa de la historia no es un libro de ovnis, sino un poema. Seamus Heaney dio con la leyenda en un artículo académico y la volvió a contar como el octavo de sus «Lightenings» de doce versos en Seeing Things (1991). En su versión, los monjes están rezando cuando el ancla se engancha en el comulgatorio; el navegante no consigue soltarla, el abad advierte de que se ahogará en su aire, los monjes le ayudan, y él vuelve a subir a la nave y sale de lo maravilloso tal como lo había conocido. Cuando Heaney ganó el Premio Nobel en 1995, el comunicado de prensa de la Academia Sueca destacó el poema como «una cristalización de gran parte del mundo imaginativo de Heaney». Más tarde, Heaney llamó a la leyenda una especie de instrucción onírica y, en un discurso de graduación en 2000, instó a sus oyentes a «no ser nunca tan sensatos como para ignorar lo insólito». En 2014, un tapiz del artista checo Peter Sís, Out of the Marvellous, tejido en Francia y pagado por amigos y admiradores de Heaney, se colgó en la Terminal 2 del aeropuerto de Dublín. Muestra una figura diminuta en una navecilla en el cielo, de modo que los viajeros que pasan por debajo miran al navegante desde abajo, como hicieron los fieles.

Crepúsculo de un azul profundo sobre aguas de crecida en calma: dos torres redondas y una pequeña iglesia de piedra se recortan oscuras contra el cielo entre pinos, los árboles de la derecha brillan anaranjados bajo los focos, y toda la escena se refleja en el agua.
Clonmacnoise a la luz de la luna, con la torre redonda de McCarthy y Temple Finghin a la izquierda y la torre de O’Rourke en el centro, reflejadas en las praderas inundadas del Shannon. Foto: Yvonne O Connor, 2015, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons. Fuente de la imagen · CC BY-SA 4.0

Fuentes: Airship of ClonmacnoisePremio Nobel de Literatura 1995: comunicado de prensaPoetry in Motion: Tapestry Tribute to Seamus Heaney

ACUDE A LA FUENTE

Fuentes y entrevistas

Las fuentes se mantienen en su idioma original; sus títulos y descripciones están traducidos.

The Annals of Ulster (texto latino e irlandés), entrada U749.10Seán Mac Airt y Gearóid Mac Niocaill (eds.), Dublin Institute for Advanced Studies, 1983 · CELT, University College CorkThe Annals of Ulster (traducción), entradas U746.2, U748.3, U749.3–9, U755.2, U764.6, U786.3, U845.3Seán Mac Airt y Gearóid Mac Niocaill (trads.), Dublin Institute for Advanced Studies, 1983 · CELT, University College CorkThe Annals of Tigernach (traducción), entradas T746.3, T748.3, T748.13Gearóid Mac Niocaill (trad., inédita) · CELT, University College CorkAnnals of the Kingdom of Ireland by the Four Masters, entrada M743.9John O’Donovan (ed. y trad.), 1848–1851, vol. 1, p. 347 · CELT, University College CorkThe Annals of Clonmacnoise, being Annals of Ireland from the Earliest Period to A.D. 1408Conell Mageoghagan (trad.), 1627, ed. Denis Murphy · Royal Society of Antiquaries of Ireland, Dublín, 1896 · Internet ArchiveThe Book of Leinster, formerly Lebar na Núachongbála, lista de los reyes (fol. 25b)R. I. Best, Osborn Bergin y M. A. O’Brien (eds.), Dublin Institute for Advanced Studies · CELT, University College CorkOf the Wonders of Eri (Do ingantaib Érenn), maravilla n.º 23James Henthorn Todd (ed. y trad.), Leabhar Breathnach annso sis: The Irish Version of the Historia Britonum of Nennius, Irish Archaeological Society, Dublín, 1848, pp. 210–213 · CELT, University College CorkThe Irish Mirabilia in the Norse “Speculum Regale”Kuno Meyer · Ériu, vol. 4, 1910, pp. 1–16 · Internet ArchiveOn the Wonders of Ireland: Translation and AdaptationElizabeth Boyle · en Elizabeth Boyle y Deborah Hayden (eds.), Authorities and Adaptations: The Reworking and Transmission of Textual Sources in Medieval Ireland, Dublin Institute for Advanced Studies, 2014 · acceso abierto de la Universidad de MaynoothThe King’s Mirror (Speculum regale – Konungs skuggsjá), capítulo XI, «Irish Marvels which have Miraculous Origins»Laurence Marcellus Larson (trad.), American-Scandinavian Foundation, Nueva York, 1917, pp. 116–118 · Internet ArchiveSpeculum regale. Konungs-skuggsjáR. Keyser, P. A. Munch y C. R. Unger (eds.), Christiania, 1848, pp. 27–28 · Internet ArchiveDes Gervasius von Tilbury Otia imperialia, in einer Auswahl neu herausgegeben (libro I, capítulo 13, «De mari»)Felix Liebrecht (ed.), Carl Rümpler, Hannover, 1856, pp. 2–3 · Internet ArchiveLiber contra insulsam vulgi opinionem de grandine et tonitruisAgobardo de Lyon, hacia 815 · Patrologia Latina, vol. 104, cols. 147–148 · Wikisource (en latín)Airship of ClonmacnoiseWikipedia (en inglés)ClonmacnoiseWikipedia (en inglés)Aerial Ships and Underwater Monasteries: The Evolution of a Monastic MarvelJohn Carey · Proceedings of the Harvard Celtic Colloquium, vol. 12, 1992, pp. 16–28 · JSTORWhen a Sighting Report Is NotBryan Sentes · blog Skunk Works · 8 de septiembre de 2019 · sobre el artículo de Carey de 1992Voyagers in the Vault of Heaven: The Phenomenon of Ships in the Sky in Medieval Ireland and BeyondMichael McCaughan · Material Culture Review, vol. 48, otoño de 1998St. Patrick’s Purgatory: An Essay on the Legends of Purgatory, Hell, and ParadiseThomas Wright · John Russell Smith, Londres, 1844, pp. 27–29 · Internet ArchiveA Sea Above the Clouds. Extraordinary Superstition Once Prevalent in EnglandPieza sindicada del Boston Post · The Virginia Enterprise (Virginia, Minnesota), 2 de abril de 1897, p. 2 · Biblioteca del Congreso, Chronicling AmericaA Sea Above the CloudsPine Bluff Daily Graphic (Pine Bluff, Arkansas), 7 de marzo de 1897, p. 2 · Biblioteca del Congreso, Chronicling AmericaFlying Saucers on the AttackHarold T. Wilkins · Citadel Press, Nueva York, 1954, capítulo VIII · Internet ArchiveFlying Saucers UncensoredHarold T. Wilkins · Citadel Press, Nueva York, 1955 · Internet ArchiveFlying Saucer Review: W. R. Drake, «Spacemen in the Middle Ages», vol. 10, n.º 3 (mayo–junio de 1964); Donald B. Hanlon, «Texas Odyssey of 1897», vol. 12, n.º 5 (septiembre–octubre de 1966)Flying Saucer Review, Londres · colección de Internet ArchiveFlying Saucers—Serious BusinessFrank Edwards · Lyle Stuart, Nueva York, 1966, capítulo 1 · Internet ArchivePassport to Magonia: From Folklore to Flying SaucersJacques Vallée · Henry Regnery, Chicago, 1969 · Internet ArchiveUFOs: Operation Trojan HorseJohn A. Keel · G. P. Putnam’s Sons, Nueva York, 1970, pp. 183–185 · Internet ArchiveWonders in the Sky: Unexplained Aerial Objects from Antiquity to Modern TimesJacques Vallée y Chris Aubeck · Tarcher/Penguin, Nueva York, 2010 · Internet ArchivePremio Nobel de Literatura 1995: comunicado de prensaAcademia Sueca · 5 de octubre de 1995 · NobelPrize.orgPoetry in Motion: Tapestry Tribute to Seamus HeaneyKathy Sheridan · The Irish Times · 19 de abril de 2014Ireland’s Upper SeaAmelia Soth · JSTOR Daily · 31 de agosto de 2023

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