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EXPEDIENTE / 055 — 1917

El sol que bailó en Fátima

Tres pastorcitos dijeron que una mujer de luz sobre una encina les había prometido una señal. El último de los días señalados, una multitud de decenas de miles de personas vio abrirse las nubes sobre un disco de plata mate que podía mirarse fijamente sin dolor. Tembló, giró como una rueda de fuegos artificiales y pareció caer hacia la tierra. La Iglesia lo llamó milagro. Los ufólogos lo llamaron después el suceso ovni con más testigos del que se tiene constancia.

Fotografía en blanco y negro de gente del campo sobre un terreno pedregoso bajo un cielo pálido. Una mujer con un pañuelo claro en la cabeza y un chal a rayas, arrodillada y aferrada a un paraguas, mira hacia arriba junto a un hombre con bigote, también arrodillado, y un niño con un palo largo; otros espectadores, de pie o de rodillas, miran fijamente al cielo, y una densa multitud llena el fondo.
1917
Peregrinos en la Cova da Iria mirando el sol el 13 de octubre de 1917, publicada en Ilustração Portuguesa el 29 de octubre de 1917. La fotografía suele atribuirse a Judah Bento Ruah, que cubrió la jornada para O Século; la revista atribuye sus imágenes a Benoliel. Dominio público, vía Wikimedia Commons. Recortada para ajustarla.

Tres niños y un relámpago

En 1917, Portugal era una república ferozmente anticlerical que aún no había cumplido siete años, y sus soldados combatían en Francia. Fátima era una parroquia de aldeas con muros de piedra sobre la árida meseta caliza de la Serra de Aire, y la Cova da Iria era una hondonada que pertenecía a los padres de Lúcia dos Santos, una pastorcita de diez años de la aldea de Aljustrel. El domingo 13 de mayo, Lúcia apacentaba allí las ovejas de la familia con sus primos Francisco y Jacinta Marto, de ocho y siete años. El relato que el párroco, el padre Manuel Marques Ferreira, les tomó unas dos semanas después es sencillo y extraño. Primero vieron «um relâmpago», un relámpago, luego otro, y después «uma mulher», una mujer, de pie en lo alto de una pequeña encina. Llevaba medias blancas, una falda blanca labrada en oro, una chaqueta blanca y un manto blanco, un cordón de oro y unos pendientes muy pequeños, y tenía las manos levantadas. Les dijo que volvieran el día trece de cada mes durante seis meses. Luego, escribió el sacerdote, «abalou pelo ar acima», se marchó por el aire hacia arriba. Los niños la llamaban simplemente la Señora; los fieles la llamarían Nuestra Señora. Volvieron a casa y no supieron guardar el secreto, y en junio unas cuantas decenas de vecinos curiosos los seguían hasta el árbol.

Fotografía en sepia de tres niños campesinos de pie delante de un muro de piedra seca con hierba en lo alto: a la izquierda, una niña con pañuelo oscuro en la cabeza, blusa a cuadros y larga falda a rayas, con las manos juntas; en el centro, un niño con gorro oscuro de punto, chaqueta y pantalones a cuadros que sostiene un largo cayado de pastor, con una bolsa de tela cruzada sobre el pecho; a la derecha, la niña más pequeña, con pañuelo oscuro, blusa blanca y falda oscura, con una mano en la cadera.
Lúcia dos Santos, Francisco Marto y Jacinta Marto en 1917. La misma imagen apareció en Ilustração Portuguesa el 29 de octubre de 1917, con el pie «los tres niños que dicen que la Virgen habló con ellos». Atribuida a Joshua Benoliel. Dominio público, vía Wikimedia Commons. Fuente de la imagen

Fuentes: Interrogatórios do pároco de Fátima (maio–julho de 1917)Aparições de Fátima

La pequeña señora de la falda hasta la rodilla

La Señora de los primeros interrogatorios no es la de las estampas. En junio llegó «em linha oblíqua do lado do nascente», en línea oblicua desde el este, y su falda con cordones de oro «só chegava ao joelho», solo llegaba a la rodilla. Tenía los ojos negros y era «de meia altura», de mediana estatura. En julio, Jacinta, de siete años, contó al sacerdote que había visto «uma mulher pequena», una mujer pequeña, del tamaño de la hija de un vecino que entonces tenía unos quince años, y que cuando la mujer se fue «el cielo se abrió y los pies se le quedaron enganchados cuando el cuerpo ya estaba escondido». Un sacerdote que interrogó a Jacinta en octubre anotó que la Señora era tan alta como Virgínia, una niña de la aldea de doce años: 1,1 metros. El canónigo Manuel Nunes Formigão, profesor del seminario de Santarém que acudió a interrogar a los niños en otoño, registró dos cordones de oro que le caían del cuello hasta una borla de oro a la cintura y pequeños aros amarillos en las orejas. Lúcia le dijo que a veces tenía que apartar la vista porque «ela às vezes cega», a veces ciega; Francisco solo podía mirarle un poco la cara «por causa da luz», por causa de la luz. Formigão confió su propia inquietud a sus notas: una Señora cuyo vestido solo llegaba a las rodillas era «la dificultad más grave» contra el carácter sobrenatural de la aparición, y podía ser «una mistificación preparada por el espíritu de las tinieblas».

Fuentes: Interrogatórios do pároco de Fátima (maio–julho de 1917)Interrogatório do Padre José Ferreira de LacerdaInterrogatórios do Cónego Manuel Nunes Formigão

Una voz como de abeja

La multitud no podía ver a la Señora ni oírla. Lo que algunos oyeron en su lugar se convirtió en uno de los detalles más citados del caso. Maria Carreira, una vecina conocida más tarde como Maria da Capelinha, María de la Capillita, por la capilla que cuidaba, declaró en 1923 que en junio, cuando Lúcia hablaba al árbol, oyó salir de él «uma zunida», un zumbido, sin distinguir una sola palabra. Al final oyó algo parecido al silbido de un cohete de fuegos artificiales que tomaba velocidad y vio una nube ligera elevarse de la encina y alejarse hacia el este, y después los brotes más altos del arbolito quedaron inclinados hacia el este, «como se os vestidos os tivessem tombado nessa direção», como si los vestidos de la Señora los hubieran tumbado. En julio, un aldeano llamado Jacinto de Almeida Lopes oyó salir del árbol «una voz muy débil, como el zumbido de una abeja», y el 11 de octubre de 1917 otro aldeano contó al canónigo Formigão que en julio y agosto se había oído un retumbo y que algunos aseguraban oír el sonido de las respuestas. La primera noticia de prensa, en O Século de Lisboa el 23 de julio, hablaba de un ruido «como el retumbar de un trueno», citaba a la vidente describiendo «una especie de muñeca muy bonita» con un halo que la llamaba con una voz fina y melodiosa, y se preguntaba si todo aquello no sería una maniobra para convertir la Serra de Aire en un balneario milagroso que rivalizara con Lourdes.

Fuentes: Processo canónico: depoimentos de setembro de 1923Inquérito paroquialInterrogatórios do Cónego Manuel Nunes FormigãoEspeculação financeira?

El administrador y el trueno

El 13 de agosto los niños nunca llegaron al árbol. Artur de Oliveira Santos, el administrador republicano de Vila Nova de Ourém, se los llevó de la casa parroquial de Fátima en su carruaje y los retuvo en Ourém durante dos días; Lúcia contó más tarde que los amenazó con freírlos en aceite. La multitud que esperaba en la Cova, unas cinco o seis mil personas según el recuento del párroco de aquel mes, vio de todos modos señales propias. Leonor de Avelar e Silva Constâncio, que estaba allí, escribió en octubre que el cielo se cubrió de una nube ligera como el encaje blanco más fino, rosada en algunas partes, que el sol se ocultó un instante y dejó a todos iluminados por «uma luz esquisita», una luz extraña, con manchas amarillas en el suelo y en la ropa y un brusco descenso de la temperatura. Alguien gritó que miraran la neblina en torno al árbol; a ella le pareció humo que subía en ligeras espirales, como de un pebetero, y un hombre de Lapas gritó que veía a la Señora entre dos nubes. Un testigo contó en la investigación parroquial de 1918 que junto al árbol sonó un estampido fuerte e inexplicable que asustó a toda la multitud, hasta el punto de que algunos se desmayaron, y que cerca del sol se formó una nube con los colores del arcoíris. El padre de Jacinta, Manuel Pedro Marto, juró en 1923 que después del estampido vio polvo y neblina y «uma espécie de globo luminoso girando nas nuvens», una especie de globo luminoso que giraba entre las nubes. El 19 de agosto la Señora volvió a aparecerse a los niños en Valinhos, un pasto cerca de sus casas. La madre de Lúcia declaró en 1923 que la ramita de encina que trajo su hija olía como nada que hubiera olido nunca, y la madre de Jacinta, que su hijo João, de once años, oyó «un estruendo como de cohete» cuando la visión se marchó, aunque no vio nada.

Fuentes: Relato de Leonor de Avelar e Silva ConstâncioInquérito paroquialProcesso canónico: depoimentos de setembro de 1923Interrogatório oficial de Lúcia

Estrellas a mediodía

Para el 13 de septiembre la multitud había crecido hasta entre quince y treinta mil personas. Constâncio solo vio un ligero eclipse de sol, pero muchos a su alrededor vieron lo que ella llamó una nubecilla «como que um pequenino floco de algodão branco», como un pequeño copo de algodón blanco, que cruzó el cielo de este a oeste como una estrella fugaz y desapareció «como si se hubiera sumergido de repente». Algunos dijeron haber visto dos de esas estrellas; otros, tres. Un profesor del seminario de Santarém, el doctor António Maria de Figueiredo, se presentó aquella tarde en casa del párroco expresamente para declarar que había visto «estrellas en una región por debajo de la región estelar». Un aldeano habló en la investigación de 1918 de cosas que caían y parecían flores blancas, y que otros llamaban estrellas. En 1922, Inácio António Marques describió cómo el sol se oscureció hasta que se vieron la luna y las estrellas, y luego, muy alto y cruzando de este a oeste, «uns corpos muito pequeninos, brancos como a neve», unos cuerpos muy pequeñitos, blancos como la nieve: «Hay quien dice que eran palomas, pero se veía claramente que no eran pájaros». El relato más famoso del día es también uno de los más tardíos. Monseñor João Quaresma, más tarde vicario general de Leiria, describió, en un relato que el padre John de Marchi publicó décadas después, un globo luminoso que se deslizaba lenta y majestuosamente de este a oeste, y a una niña a su lado que gritaba que la Señora volvía a subir. Cuando preguntó qué creía que era el globo, su acompañante respondió que era Nuestra Señora. La conclusión del propio Quaresma fue la frase que los ufólogos citarían durante décadas: los niños habían visto a la Madre de Dios, y «a nosotros se nos había concedido la gracia de ver el carruaje que la había llevado desde el Cielo hasta el páramo yermo de la Serra de Aire».

Fuentes: Relato de Leonor de Avelar e Silva ConstâncioInquérito paroquialDepoimento de Inácio António MarquesA Verdadeira História de Fátima

Lluvia sobre la Cova da Iria

Lúcia había dicho que el 13 de octubre la Señora haría un milagro «para que todos creyeran», y la promesa se convirtió en noticia nacional. O Século, el mayor diario del país y nada amigo de la Iglesia, envió a su reportero estrella, Avelino de Almeida, con el fotógrafo Judah Bento Ruah. A lo largo de la carretera sobre la Cova, informó Almeida, alguien contó más de cien automóviles y más de cien bicicletas; un chico de un autocar descubierto le dijo que lo único que había visto en la Cova eran «piedras, carros, coches, caballos y gente». Hacia las diez el cielo se cerró por completo y empezó, en palabras de Almeida, a llover de verdad. Aquella noche había llovido por primera vez en meses, anotó Constâncio, y los campos estaban resecos. Decenas de miles de personas esperaban en el barro bajo los paraguas, caladas hasta los huesos, cantando y rezando; Almeida citó estimaciones desapasionadas de treinta o cuarenta mil. Hasta la hora estaba en discusión. Portugal había adelantado los relojes para coincidir con las potencias en guerra, mientras la gente del campo se atenía a lo que Almeida llamó «a hora antiga», la hora antigua; a Constâncio le dijeron que era «la verdadera». Los niños llegaron pasada la una según el reloj oficial, cerca del mediodía solar.

Granulosa fotografía panorámica a media tinta de una larga fila de personas, en su mayoría mujeres con faldas largas y chales, de pie bajo paraguas claros abiertos al borde de una ladera de matorral, con más paraguas amontonados cuesta arriba detrás de ellas y una costura vertical donde se unen dos páginas de revista.
«El pueblo resguardándose bajo sus paraguas»: la multitud que esperaba bajo la lluvia la mañana del 13 de octubre de 1917, en Ilustração Portuguesa, 29 de octubre de 1917. Foto atribuida habitualmente a Judah Bento Ruah. Dominio público, vía Wikimedia Commons. Fuente de la imagen

Fuentes: Coisas espantosas! Como o sol bailou ao meio dia em FátimaRelato de Leonor de Avelar e Silva ConstâncioCartas de Gonçalo de Almeida Garrett e relato de José Maria de Proença de Almeida GarrettO milagre de Fátima (Carta a alguém que pede um testemunho insuspeito)

Una placa de plata mate

Almeida envió su crónica desde Ourém aquella noche, y O Século la publicó el 15 de octubre bajo el titular «Coisas espantosas! Como o sol bailou ao meio dia em Fátima», ¡Cosas asombrosas! Cómo bailó el sol al mediodía en Fátima. La lluvia cesó, escribió, y toda la inmensa multitud se volvió hacia el sol, que se alzaba libre de nubes en el cenit. «O astro lembra uma placa de prata fosca»: el astro parecía una placa de plata mate, y se podía mirar fijamente su disco sin el menor esfuerzo. «Não queima, não cega». No quemaba; no cegaba; era como si hubiera un eclipse en curso. Entonces se alzó un grito colosal, y ante los ojos deslumbrados de la gente «o sol tremeu», el sol tembló, e hizo movimientos bruscos nunca vistos, «fuera de todas las leyes cósmicas»; el sol «bailó», según la expresión de los campesinos. Otros, informó Almeida, juraban que había girado sobre sí mismo como una rueda de fuegos artificiales, o que había descendido casi hasta quemar la tierra, o que había cambiado de color, un tono tras otro. En el estribo del autobús de Torres Novas, un anciano recitaba en voz alta el Credo con el rostro vuelto hacia el sol. Esa misma tarde, en una carta desde Monte Redondo, un sacerdote llamado Manuel Pereira da Silva describió el sol, de borde nítido, bajando hasta las nubes y girando «como una rueda de fuego» durante más de ocho minutos, mientras todo quedaba casi a oscuras y todas las caras se volvían amarillas, y toda la multitud se arrodillaba en el barro. Una mujer de Coímbra sintió calor «como si hubiéramos entrado en un invernadero caldeado» a medida que el sol bajaba más y más, volviéndose plateado, luego de un púrpura intenso, rojo y verde esmeralda.

Amplia fotografía a media tinta de una inmensa multitud apiñada de sombreros oscuros y pañuelos que se extiende hasta una hilera de árboles; a la izquierda del centro, un alto arco rústico de madera coronado por una pequeña cruz, con dos faroles colgados del travesaño, se alza por encima de las cabezas, y muchas personas en primer plano miran hacia arriba haciéndose sombra en los ojos; una tenue costura vertical recorre el centro, donde se unen dos páginas de revista.
La multitud junto al árbol de las apariciones el 13 de octubre de 1917, con el arco rústico adornado con faroles que los aldeanos habían levantado sobre el lugar. Ilustração Portuguesa lo describió en el pie como la multitud que empezaba «a mirar al cielo, esperando la señal de Dios». Foto atribuida habitualmente a Judah Bento Ruah. Dominio público, vía Wikimedia Commons. Fuente de la imagen

Fuentes: Coisas espantosas! Como o sol bailou ao meio dia em FátimaCarta do Padre Manuel Pereira da SilvaRelato de Maria Augusta Saraiva Vieira de Campos

Un disco tallado en nácar

El relato de testigo más minucioso vino de José Maria de Proença de Almeida Garrett, cuyo padre, el matemático de Coímbra Gonçalo de Almeida Garrett, sugirió discretamente al canónigo Formigão que se lo pidiera. Lo escribió el 18 de diciembre de 1917, disculpándose porque habían pasado dos meses y no había tomado notas. Estaba en la carretera, a unos cien metros del árbol, y se guiaba por la hora oficial. Tres veces, mientras la multitud rezaba, vio una fina columna de humo azulado elevarse recta desde donde estaban los niños, un par de metros por encima de las cabezas, y luego desvanecerse; supuso que era un incensario, y más tarde le dijeron que no se había quemado nada. Cuando el sol salió a través de un cirro tenue, rechazó la comparación que había oído en Fátima con un disco de plata mate. Era más brillante y más rico que eso, escribió, con tonos cambiantes como «el oriente», el lustre, «de una perla», de bordes nítidos «como un tablero de juego», «un disco bruñido tallado en el nácar de una concha». El disco empezó a girar sobre sí mismo a una velocidad vertiginosa. Entonces, mientras se alzaba un clamor, «o sol, conservando a celeridade da sua rotação, destaca-se do firmamento e sanguíneo avança sobre a terra»: el sol, sin dejar de girar, se desprendió del firmamento y avanzó, rojo como la sangre, hacia la tierra, amenazando con aplastarlos bajo el peso de su enorme muela de fuego. «Fueron segundos de impresión terrorífica». En un momento dado todo el paisaje se volvió de color amatista, hasta la sombra de un roble; se tapó los ojos para comprobar si tenía dañada la retina, y el morado persistió. Más tarde todo tomó el color del damasco amarillo viejo, y la gente a su alrededor parecía enferma de ictericia. Un campesino a su lado dijo asombrado: «Esta señora está amarilla». Días después miró fijamente el sol a propósito para comparar, y solo vio manchas amarillas irregulares que se movían con su mirada.

Fuentes: Cartas de Gonçalo de Almeida Garrett e relato de José Maria de Proença de Almeida Garrett

El globo que temblaba de electricidad

No todos describieron el sol. Una mujer de Viseu que firmaba como «J.» en el Correio da Beira del 10 de noviembre de 1917 contó que a la una, donde la nube se había retirado, «apareceu um globo, prateado», apareció un globo plateado, que dio una pequeña vuelta y se dejó ver aquí y allá entre las nubes, tres veces, a intervalos de tres o cuatro minutos. Una nube o llama de un rojo brillante lo cubrió, y entonces «aquel globo o esfera temblaba nerviosamente, como si lo impulsara la electricidad» y pareció hincharse, como si quisiera lanzarse hacia la tierra, o hablarle. João Maria Lúcio Serra, que escribió aquel noviembre, vio suaves haces de luz de forma oval situados a distancias iguales alrededor del horizonte rojo anaranjado, reflejados en el suelo. Maria Carreira declaró en 1923 que su hija, subida a una piedra a un metro del árbol, sintió un golpe en la cara y vio una luz hermosa, y que ella misma vio «uma bola, não inteiramente redonda, como um ovo», una bola no del todo redonda, como un huevo, con los colores del arcoíris pero mucho más brillante, con una cola de metro y medio, que pasó deprisa junto a la encina y desapareció a un palmo del suelo. Entre los dieciséis aldeanos que prestaron declaración jurada en Porto de Mós el 25 de octubre, uno vio a Nuestra Señora con el Niño Jesús en el brazo izquierdo. La propia Lúcia, según contó al párroco tres días después, había visto una sucesión de figuras junto al sol: san José con el Niño, Nuestro Señor y la Señora bajo varias advocaciones. También dijo a la multitud, según varios relatos, que la guerra terminaría ese día y que los soldados pronto estarían en casa. No terminó hasta trece meses después.

Página de revista escaneada con ornamentados bordes florales modernistas bajo el titular «O MILAGRE DE FÁTIMA»: una fotografía ancha en la parte superior muestra una fila de gente del campo, de pie, haciéndose sombra en los ojos y mirando fijamente hacia arriba; debajo hay tres fotografías más pequeñas de peregrinos arrodillados y de pie, y columnas de texto en portugués llenan el resto de la página.
La primera página de «O milagre de Fátima», de Avelino de Almeida, su carta abierta a «alguien que pide un testimonio insospechable», en Ilustração Portuguesa n.º 610, 29 de octubre de 1917. Aquí escribió que el sol bailó una danza «violenta y convulsa», y dejó el resto «a la Ciencia y a la Iglesia». Dominio público, vía Wikimedia Commons. Fuente de la imagen

Fuentes: Relato publicado no Correio da BeiraRelato de João Maria Lúcio SerraProcesso canónico: depoimentos de setembro de 1923Depoimentos de testemunhas de Porto de MósInterrogatórios do pároco de Fátima (maio–julho de 1917)Interrogatórios do Cónego Manuel Nunes Formigão

De aparición a ovni

Durante cuarenta años, Fátima perteneció a la Iglesia. La primera lectura platillista explícita que se conoce apareció en la Australian Flying Saucer Review en septiembre de 1960, junto a un artículo titulado «Angels Are Men from Space» (Los ángeles son hombres del espacio): a mediodía, decía, apareció en el cenit un disco brillante «que muchos tomaron por el sol», y no pudo haber sido el sol, «porque los testigos lo miraron sin quedar deslumbrados». Ilustraba la tesis con lo que llamaba la «fotografía contemporánea» del cielo de Fátima, obra de Alfredo de Fendrica. Las fotografías del sol citadas en el informe canónico de 1930, señalan los editores del Santuario, fueron tomadas por Alfredo J. de Mendonça el 13 de mayo de 1921. En París, en 1962, el compositor Paul Misraki, con el seudónimo de Paul Thomas, sostuvo en Les Extraterrestres que los milagros religiosos, Fátima por encima de todos, podían tener una causa común con los avistamientos modernos de platillos; Jacques Vallée, que lo visitó aquel septiembre, anotó que un obispo católico le había dicho a Misraki que su interpretación era perfectamente válida.

Fuentes: Sky Phenomenon at FatimaRelatório da Comissão CanónicaForbidden Science: Journals 1957–1969

La Fátima de Vallée

Vallée incorporó el caso al canon de la ufología. En Anatomy of a Phenomenon (1965) escribió sobre «un disco plateado que voló por el cielo» ante setenta mil testigos, y citó al escritor español Antonio Ribera, que comparaba a la Señora con un explorador blanco que se hace pasar por «el gran dios blanco» para ganarse la confianza de los nativos. En Passport to Magonia (1969) contó Fátima entre los casos reconocidos por la Iglesia que «no son más que fenómenos ovni». En The Invisible College (1975) expuso toda la secuencia como un caso ovni: esferas luminosas, oleadas de calor, el movimiento de «hoja que cae» de un platillo, el zumbido como de abeja, al que llamó «un sonido típico asociado a los ovnis actuales», y dos sacerdotes escépticos del 13 de septiembre a los que apodó, en la jerga de la propia ufología, «hombres de negro», uno de los cuales llamó al globo «un vehículo celestial». También repitió, sin nombrar su fuente, la afirmación de que dos testigos que observaron el disco con prismáticos habían visto una escalera y dos entidades.

Fuentes: Anatomy of a PhenomenonPassport to MagoniaThe Invisible College

El dosier portugués

La lectura ufológica encontró a sus defensores más serios en casa. En 1978 se permitió a la historiadora Fina d’Armada el acceso a los archivos del Santuario, y con el investigador de Oporto Joaquim Fernandes publicó en 1982 Intervenção Extraterrestre em Fátima (Intervención extraterrestre en Fátima); la versión inglesa, Heavenly Lights, apareció en 2005 con un prólogo de Vallée. Su método consistió en volver a los primeros interrogatorios, antes de que décadas de devoción los remodelaran, y componer un retrato del ser que los niños describieron en realidad: de alrededor de 1,1 metros de altura, con aspecto de tener entre doce y quince años, una falda que nunca pasaba de las rodillas, algo en la cabeza que le cubría las orejas y el pelo y, colgando del cuello, un cordón con «uma bola luminosa», una bola luminosa, a la altura de la cintura. No movía la cara ni los labios cuando «hablaba», escribieron, ni movía las piernas cuando se retiraba hacia atrás, hacia el cielo. Según su lectura, la bola se convirtió en un «corazón» en las memorias de Lúcia de 1941 y, unas decenas de páginas más adelante, en el Inmaculado Corazón de María. D’Armada localizó a testigos supervivientes. La hermana de Lúcia, Maria dos Anjos, le contó que ella también había oído el zumbido cuando Lúcia escuchaba a la Señora, y cuando le preguntó si sonaba como un enjambre, respondió: «Não. Só uma!». No. Solo una. Los mismos archivos guardaban un detalle al que Fernandes llama una cuarta vidente: Maria Carreira declaró que el 28 de julio de 1917 su hija Carolina, de doce años, y una niña de siete años de Espite vieron junto a la encina una figura pequeña, muy hermosa y de pelo rubio, y que Lúcia dijo más tarde que la Señora la llamó un ángel.

Fuentes: As “aparições” de Fátima, 1917Heavenly Lights: The Apparitions of Fátima and the UFO PhenomenonProcesso canónico: depoimentos de setembro de 1923

Una capilla, una bomba y un veredicto

Francisco y Jacinta Marto contrajeron la gripe de 1918. Francisco murió en casa el 4 de abril de 1919; Jacinta murió en un hospital de Lisboa el 20 de febrero de 1920. Los aldeanos construyeron una pequeña capilla sobre el lugar del árbol entre abril y junio de 1919, y la primera misa se permitió allí el 13 de octubre de 1921. El 6 de marzo de 1922, alguien voló su tejado con dinamita; fue reconstruida ese mismo año. En mayo de 1922, el nuevo obispo de Leiria, José Alves Correia da Silva, abrió una investigación canónica, y el 13 de octubre de 1930 declaró las visiones de los niños «dignas de fe». Lúcia se hizo monja y, entre 1935 y 1941, escribió unas memorias que añadían un Ángel de la Paz que se había aparecido a los niños tres veces en 1916 y una figura «como una estatua de nieve» vista en 1915. Los interrogatorios de 1917 solo recogen el recuerdo de Lúcia de una figura blanca sobre un árbol en los montes, «una persona envuelta en una sábana», vista el año anterior a las apariciones. La tercera parte de un secreto que, según ella, la Señora le había confiado fue publicada por el Vaticano el 26 de junio de 2000. Lúcia murió en 2005, a los noventa y siete años; Francisco y Jacinta fueron canonizados en Fátima en mayo de 2017, un siglo después del primer relámpago.

Fotografía oscura y granulosa en blanco y negro de una pequeña capilla encalada con el tejado reventado: tablas rotas del tejado y una cruz cuelgan torcidas contra un cielo pálido sobre una pared trasera blanca y desnuda; dentro, una niña con pañuelo en la cabeza está de pie junto a una figura sentada, y a la izquierda unas mujeres con chales oscuros permanecen en la sombra.
La Capelinha das Aparições tras el atentado del 6 de marzo de 1922, construida sobre el lugar de la encina menos de tres años antes. Fotógrafo desconocido. Dominio público, vía Wikimedia Commons. Fuente de la imagen

Fuentes: Aparições de FátimaA Providência DivinaInterrogatórios do Cónego Manuel Nunes FormigãoProcesso canónico: depoimentos de setembro de 1923The Real Secrets of Fatima

ACUDE A LA FUENTE

Fuentes y entrevistas

Las fuentes se mantienen en su idioma original; sus títulos y descripciones están traducidos.

Interrogatórios do pároco de Fátima (maio–julho de 1917)Notas del padre Manuel Marques Ferreira sobre los primeros relatos de los niños · Documentação Crítica de Fátima: Seleção de documentos (1917–1930), Santuário de Fátima, 2013, docs. 1–3Especulação financeira?O Século (Lisboa) · 23 de julio de 1917 · la primera noticia de prensa, de un corresponsal en Meia-Via · selección de la DCF, doc. 4Interrogatórios do Cónego Manuel Nunes FormigãoLos interrogatorios del canónigo Formigão a los tres niños el 27 de septiembre, el 11 y el 13 de octubre y el 2 de noviembre de 1917, con sus dudas privadas · selección de la DCF, docs. 10, 11 y 22Interrogatório do Padre José Ferreira de Lacerda19 de octubre de 1917 · donde Jacinta compara la estatura de la Señora con la de una niña de doce años · selección de la DCF, doc. 15Carta do Padre Manuel Pereira da SilvaUna carta escrita en Monte Redondo a las 21:30 del 13 de octubre de 1917, horas después de los hechos · selección de la DCF, doc. 12Coisas espantosas! Como o sol bailou ao meio dia em FátimaAvelino de Almeida · O Século (Lisboa) · 15 de octubre de 1917, fechado en Ourém el 13 de octubre · selección de la DCF, doc. 13Relato de Leonor de Avelar e Silva ConstâncioEscrito a finales de octubre de 1917 · testigo presencial del 13 de agosto, el 13 de septiembre y el 13 de octubre · selección de la DCF, doc. 17Depoimentos de testemunhas de Porto de MósDieciséis declaraciones juradas tomadas por el padre Joaquim Vieira da Rosa el 25 de octubre de 1917, a petición del Patriarcado · selección de la DCF, doc. 19O milagre de Fátima (Carta a alguém que pede um testemunho insuspeito)Avelino de Almeida · Ilustração Portuguesa n.º 610 (Lisboa) · 29 de octubre de 1917, pp. 353–356 · escaneo de la página en Wikimedia Commons; texto en la selección de la DCF, doc. 21Relato publicado no Correio da BeiraFirmado «J.» (Maria José de Lemos Queirós), escrito el 30 de octubre y publicado en el Correio da Beira (Viseu) el 10 de noviembre de 1917 · selección de la DCF, doc. 23Relato de João Maria Lúcio SerraFechado el 13 de noviembre de 1917 · las luces ovales espaciadas a intervalos regulares en el horizonte · selección de la DCF, doc. 25Relato de Maria Augusta Saraiva Vieira de CamposUn folleto de Coímbra escrito el 19 de octubre de 1917 · selección de la DCF, doc. 26Cartas de Gonçalo de Almeida Garrett e relato de José Maria de Proença de Almeida GarrettLa carta del padre del 3 de diciembre de 1917 y el relato de testigo del hijo del 18 de diciembre de 1917, ambos enviados al canónigo Formigão · selección de la DCF, docs. 28 y 29Inquérito paroquialDeclaraciones de Jacinto de Almeida Lopes (20 de diciembre de 1918) y Manuel Gonçalves Júnior (31 de diciembre de 1918) para la investigación parroquial · selección de la DCF, docs. 39–40Relatório do pároco de FátimaPadre Manuel Marques Ferreira · 6 de agosto de 1918 · con sus estimaciones mes a mes de la multitud · selección de la DCF, doc. 36Depoimento de Inácio António Marques23 de noviembre de 1922 · los cuerpos blancos de septiembre y el secado de la ropa mojada · selección de la DCF, doc. 72Processo canónico: depoimentos de setembro de 1923Declaraciones juradas de Maria Rosa dos Santos, Manuel Pedro y Olímpia Marto, Maria Carreira y otros, 23–28 de septiembre de 1923 · selección de la DCF, doc. 80Interrogatório oficial de Lúcia8 de julio de 1924, en el Asilo de Vilar de Oporto · selección de la DCF, doc. 82Relatório da Comissão Canónica13 de abril de 1930 · cita al astrónomo Frederico Oom, del observatorio de Lisboa; la nota de los editores identifica las «fotografías del sol» como imágenes de mayo de 1921 de Alfredo J. de Mendonça · selección de la DCF, doc. 120A Providência DivinaObispo José Alves Correia da Silva de Leiria · carta pastoral del 13 de octubre de 1930 que declara las visiones dignas de fe · selección de la DCF, doc. 133A Verdadeira História de FátimaPadre John de Marchi · edición portuguesa de su recopilación de entrevistas de los años cuarenta y cincuenta, que incluye el relato de monseñor João Quaresma sobre el 13 de septiembre y el testigo de Alburitel · PDF alojado por el Fatima CenterSky Phenomenon at FatimaAustralian Flying Saucer Review, vol. 1, n.º 3 · septiembre de 1960, pp. 6–7 · la lectura ovni explícita más antigua encontrada, publicada junto a «Angels Are Men from Space»Forbidden Science: Journals 1957–1969Jacques Vallée · North Atlantic Books, 1992 · entrada del 18 de septiembre de 1962 sobre una visita a Paul MisrakiAnatomy of a PhenomenonJacques Vallée · Henry Regnery, Chicago · 1965 · «Fatima: the Miraculous UFO», pp. 204–207, a partir de Misraki y de Antonio Ribera en Flying Saucer Review (1964)Passport to MagoniaJacques Vallée · Henry Regnery, Chicago · 1969 · Fátima entre los casos reconocidos por la Iglesia que «no son más que fenómenos ovni»The Invisible CollegeJacques Vallée · E. P. Dutton, Nueva York · 1975 · capítulo «What Happened at Fatima», reeditado en Dimensions (1988)As “aparições” de Fátima, 1917Joaquim Fernandes · Revista Athena · 11 de mayo de 2017 · el retrato compuesto de la Señora que Fernandes y Fina d’Armada trazaron a partir de los archivos del Santuario, y las entrevistas de d’Armada de 1978Heavenly Lights: The Apparitions of Fátima and the UFO PhenomenonJoaquim Fernandes y Fina d’Armada · EcceNova, 2005; reedición de Anomalist Books · traducción de Andrew D. Basiago y Eva M. Thompson, prólogo de Jacques ValléeApparitions and Miracles of the SunAuguste Meessen (Université catholique de Louvain) · Foro Internacional «Ciencia, Religión y Conciencia», Oporto, 23–25 de octubre de 2003 · actas, Universidade Fernando Pessoa, pp. 199–219The Real Secrets of FatimaJoe Nickell · Skeptical Inquirer, vol. 33, n.º 6 · noviembre–diciembre de 2009Miracle of the SunWikipedia (en inglés) · resúmenes de Steuart Campbell (1989), Stanley Jaki (1999) y Kevin McClure (1983), y la cita del poeta Afonso Lopes Vieira recogida por De MarchiAparições de FátimaWikipedia (en portugués) · cronología desde el nacimiento de los niños hasta la canonización de 2017, según la cronología del propio Santuario

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