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EXPEDIENTE / 059 — 1978

Los cuervos dentro del autobús

Una húmeda mañana de mayo de 1978, un granjero polaco de setenta años que conducía su yegua por el bosque llevó en su carro a dos pequeños autostopistas de cara verde. Lo condujeron hasta un aparato blanco tan largo como un autobús, lo subieron en un pequeño ascensor, lo desvistieron y le pasaron dos placas por el cuerpo. En el suelo yacía una hilera de cuervos vivos e indefensos. Al marcharse, levantó la gorra, y los cuatro se inclinaron.

Fotografía en color del linde de un bosque en primavera: gruesos troncos de abedul de corteza rugosa con hojas nuevas de un verde pálido a la izquierda, hojarasca parda y matas de hierba en el suelo, y un claro de un verde intenso que se abre a la derecha hacia una hilera de árboles altos y delgados que apenas empiezan a echar hojas, bajo un cielo blanco y cubierto.
1978
El claro de Emilcin que la tradición local señala como el lugar donde flotó el aparato el 10 de mayo de 1978, fotografiado el 24 de abril de 2025. Foto: Wojciech Grzegorz Domagała, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

La yegua, camino del semental

Emilcin, en las suaves lomas de labranza al oeste de Lublin, tenía en 1978 setenta y cuatro granjas y, como diría más tarde un informe polaco, ni escuela, ni club, ni siquiera un quiosco de prensa, y una sola tienda. Jan Wolski, nacido en 1907, trabajaba allí la tierra con su mujer y sus hijos. Había ido tres años a la escuela primaria, no tenía televisor y gozaba, según dirían después sus vecinos, de fama de hombre que «no bebía y no le pegaba a nadie». Antes del amanecer del miércoles 10 de mayo, hacia las cuatro y media según los cálculos de Krzysztof Drozd, entonces oficial del departamento de investigación criminal de la milicia de Lublin, la policía de la Polonia comunista, y que desde entonces no ha dejado de investigar el caso, Wolski enganchó el carro y llevó su yegua de cuatro años a una aldea vecina, donde un granjero llamado Leon Rak tenía un semental. Como la yegua no estaba herrada, volvió por los blandos caminos del bosque en lugar de por la carretera. La estación meteorológica de Lublin registró aquella mañana un cielo bajo y casi totalmente cubierto, algo de neblina, temperaturas de 6 a 7 °C y una lluvia ligera hacia las ocho. A unos 600 metros de su casa, al salir de detrás de un bosquecillo de alisos, vio dos figuras que venían hacia él por el camino.

Fotografía en blanco y negro de dos caballos oscuros que trotan por una carretera asfaltada de pueblo tirando de un carro plano con ruedas de goma de automóvil, cargado de forraje verde y horcas. En el carro van sentados cuatro jóvenes, dos de ellos mirando a la cámara, junto a casas con tejado de teja y un árbol grande.
Un carro de caballos con ruedas de goma en una carretera de Santok, en el oeste de Polonia, en 1971: una furmanka como la que Wolski conducía siete años después. Foto: Józef Burszta, CC BY-SA 3.0 PL, vía Wikimedia Commons. Fuente de la imagen · CC BY-SA 3.0 PL · Józef Burszta

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Dos autostopistas de negro

Primero pensó que eran cazadores; luego, que eran exploradores. «Tylko tu często chodzą za bażantami myśliwi, to ja liczyłem, że to myśliwi», le contó ese año a la reportera Małgorzata Sawicka, de Polskie Radio Lublin: por aquí suelen andar cazadores detrás de los faisanes, así que pensé que eran cazadores. Los dos medían alrededor de 150 centímetros, eran menudos y delicados, y llevaban unos monos negros o de un negro grisáceo, ceñidos y de una sola pieza, que les cubrían la frente y les llegaban hasta la barbilla y los pies; iban descalzos. Tenían la cara y las manos verdes. Al verlo aflojaron el paso, se apartaron cada uno a un lado del camino, lo dejaron pasar entre ellos y se subieron de un salto a la parte trasera del carro en marcha, con las piernas colgando, como hacía la gente del campo cuando quería que la llevaran. Wolski no protestó; habría sido de mala educación. De cerca se fijó en los ojos rasgados, los pómulos altos, los dientes blancos, la ausencia de cejas y un bulto redondeado en la nuca de cada uno. En julio describía también una aleta fina entre los dedos, un detalle que tiene su propia historia. Una vez había visto chinos en persona, y se preguntó si serían chinos, solo que más pequeños. Hablaban entre ellos con un parloteo rápido que él reproducía como «a petete petete te». En una larga entrevista grabada aquel julio por dos aficionados de Lublin, Henryk Pomorski y Krystyna Adamczyk, seguía sin llamarlos extraterrestres: eran «parecidos a nosotros, aunque diminutos, delicados». A Sawicka se lo dijo más a las claras: «Widzę jakieś twarze zielone, widzę jakieś potworaki»: veo unas caras verdes, veo unos monstruitos.

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Un autobús suspendido sobre el claro

Unos cientos de metros más allá, el camino salía de entre los árboles a un claro, y los pasajeros le hicieron señas para que se detuviera. Cuando la yegua se plantó, uno de ellos alargó el brazo por delante de él, tomó las riendas y la frenó; según Wolski, la yegua tenía miedo de lo que había delante. Sobre el claro, a cuatro o cinco metros de altura, flotaba un aparato «tan largo como un autobús», blanco, «de un blanco transparente, como aluminio pulido», sin ventanas, luces ni juntas que él pudiera ver. En el documental de televisión de 1978 lo describió subiendo y bajando cosa de medio metro. El informe que redactaron después los investigadores polacos añade que era como «un autobús corto, pero con un techo como el de un granero», y que en cada esquina un tambor vertical contenía una espiral negra, como un sacacorchos o una barrena, que giraba tan deprisa que zumbaba como los abejorros y, sin embargo, no movía el aire. De la puerta colgaba una pequeña plataforma sujeta por cuatro cordones finos, que Wolski comparó con los cables de una plancha eléctrica: una «windeczka na dwie osoby», un pequeño ascensor para dos. Los seres le hicieron gestos para que se acercara. Ató la yegua al carro, se bajó, subió a la plataforma con uno de ellos y fue izado rápidamente hasta la puerta.

Fotografía en color de un bosque mixto joven en primavera, con esbeltos troncos blancos de abedul, hojas nuevas brillantes, un sotobosque verde y frondoso, una mancha arenosa en primer plano y una franja de cielo azul pálido arriba a la derecha.
Abedules en Emilcin a la una menos cuarto del 10 de mayo de 2022, cuadragésimo cuarto aniversario del viaje de Wolski. Foto: 24april1975, CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons. Fuente de la imagen · CC BY 4.0 · 24april1975

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Cuervos, platillos y carámbanos

Dentro reinaba la penumbra, un negro con un matiz grisáceo; la única luz entraba por la abertura, cuya puerta se abría y se cerraba enrollándose «como un trozo de tela». Había otros dos seres y, a lo largo de las paredes, ocho o diez bancos individuales y nada más. Contra la pared del fondo yacían unos diez pájaros negros, grajos o cuervos, «takich jak naszych», como los nuestros, vivos pero indefensos: «movían las alas, las patas y la cabeza, pero no se desplazaban». Por gestos, la tripulación le indicó que se desvistiera. Mientras se desabrochaba desde arriba la camisa de cuatro botones, el ser que tenía al lado le desabrochó los dos de abajo; después le dijeron que se lo quitara todo. «Jak do wojska szłem, to musiałem się rozbierać, a cóż dopiero przy nich», le contó a Sawicka: cuando fui al ejército tuve que desnudarme, así que por qué no delante de ellos. Uno de ellos sostenía un aparato «como dos platillos» unidos y se lo pasó por el pecho; luego lo hizo girar tomándolo del brazo, le levantó el brazo y le recorrió un costado, la espalda y el otro costado. A los tripulantes les fascinó su cinturón de cuero, que abrocharon y desabrocharon. Después le mostraron su comida: «algo con la forma de esos carámbanos que cuelgan de los tejados», que partían en migajas pequeñas sin hacer ruido, «como una masa dura», y se llevaban a la boca. Le ofrecieron un poco. «Kiwnąłem głową, że nie», dijo: negué con la cabeza. No insistieron. Cuando se hubo vestido, se volvió en la puerta, se quitó la gorra y dijo «Do widzenia», adiós, «y los cuatro se inclinaron también». Luego volvió a subir a la plataforma y se encontró abajo, sobre la hierba. Calculó que había pasado a bordo diez o doce minutos.

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Las ocho menos diez

Cuando se marchó, el aparato seguía suspendido allí; lo perdió de vista detrás de unos arbustos unos 15 metros más adelante. Llegó a casa, dijo, hacia las ocho menos diez según el reloj de su mujer. Ella le preguntó si le pasaba algo a la yegua. Él les dijo a sus hijos que fueran al claro, donde verían «un coche en el aire». Drozd añade que Wolski dijo «zabierzcie krowy», llevaos las vacas, y luego se dejó caer en la cama y durmió como un tronco. Sus hijos avisaron a unos vecinos, entre ellos un primo, y corrieron al campo, pero el cielo estaba vacío: solo hierba empapada de rocío y pisoteada, diría después Wolski, con senderos que se alejaban «en todas direcciones», y huellas, una de las cuales un hijo comparó con su propio pie. Los investigadores describieron las huellas como trapezoidales, casi rectangulares, hundidas dos o tres centímetros en el suelo, y hablaron de ramitas arrancadas y plumas negras, todas, señalaba el informe de Wrocław, exactamente de la misma longitud. En algún momento entre las ocho y las nueve, en la granja de los Popiołek, a unos 800 metros al oeste del claro, Adam, de seis años, y su hermana Agnieszka, de cuatro, jugaban en la arena junto al granero, y su madre freía tortitas cuando oyó lo que llamó un estruendo terrible, como un trueno que parecía salir de debajo de la tierra. Adaś, como lo llamaba la familia, entró corriendo y gritando que había una máquina en el aire y que podía aplastarles la casa. De niño describió algo parecido a un autobús con una sola ventana y un piloto con gorro de orejeras, con unas varillas negras que sobresalían «como los cuernos de un caracol», que volaba bajo sobre el granero y luego subía en vertical. Otros dos vecinos dijeron haber oído el ruido.

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«El abuelo se quedó dormido»

A los pocos días la historia había recorrido toda la comarca. Los niños preguntaban en la escuela si los marcianos podían aterrizar en la Tierra, y algunos se quedaron en casa por miedo a ellos. El director de la escuela, profesor de física, dio una charla sobre la estructura del universo y la historia de la investigación espacial «con especial énfasis en los logros de la Unión Soviética», según contó el semanario Panorama, y explicó que no se había encontrado ningún indicio de vida en el espacio. Como aquello no funcionó, el 12 de mayo pidió al puesto de la Milicia Ciudadana de Opole Lubelskie que acabara con los rumores. El teniente Stanisław Plis, jefe del puesto, envió a un sargento, cuya conclusión se publicó en 1978: «Dziadek zasnął i wszystko mu się śniło»: el abuelo se quedó dormido y lo soñó todo. Las rodadas del carro giraban bruscamente a la izquierda, dijo el sargento, y la hierba estaba ramoneada a lo largo de unos veinte metros, lo que a la yegua le habría llevado al menos una hora mientras Wolski dormía en el carro. Plis había consultado a «gente seria», que en su mayoría creía que el granjero se había imaginado algo, y se preguntaba: «¿Será por las películas de la televisión?». En Emilcin todo el mundo sabía que Wolski no tenía televisor. «Había muchísimas huellas», dijo Wolski. «La milicia tendría que haberlas protegido, pero se reían de mí: que si me había dormido, que si me había emborrachado, que si esto, que si lo otro».

Fotografía en blanco y negro de una esquina de una pequeña ciudad: una casa encalada de una sola planta con un empinado tejado de tablillas, ventanas con cortinas y una puerta de tablones junto a casas de madera más viejas y desgastadas, una mujer que camina por la acera con un niño pequeño, antenas de televisión, cables y árboles sin hojas.
Opole Lubelskie, la villa con mercado cuyo puesto de la milicia examinó la denuncia, el 9 de abril de 1975. Foto: Bogusław Linette, Instituto de Arte de la Academia Polaca de Ciencias, CC BY-SA 3.0 PL, vía Wikimedia Commons. Fuente de la imagen · CC BY-SA 3.0 PL · Bogusław Linette

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Polonia tiene su propio ovni

Después llegaron los ufólogos. El 26 de mayo, Witold Wawrzonek, un aficionado de Lublin, grabó en magnetófono el relato de Wolski y avisó a Zbigniew Blania-Bolnar, de Łódź, sociólogo y el investigador ovni más conocido del país, que publicaba en el extranjero como Zbigniew Bolnar. Blania llegó con un psicólogo infantil para Adaś y con el psicólogo doctor Ryszard Kietliński para Wolski, y sometió al granjero a lo que venía a ser una pequeña clínica: test de apercepción temática y de inteligencia, láminas para el daltonismo, un psicogalvanómetro, exámenes neurológicos, de la vista y del oído. Kietliński no encontró signos de enfermedad mental y consideró improbable que alguien hubiera aleccionado a Wolski para dar un testimonio falso: «Jest po prostu bardzo odporny na tego typu sugestie»: sencillamente, es muy resistente a ese tipo de sugestiones. Wolski «probablemente vio algo fuera de lo común, algo muy interesante», dijo el psicólogo ante la cámara. «Qué pudo ser, no lo sé». Blania añadió que la memoria del anciano era demasiado débil para repetir siquiera un cuento sencillo que se le leyera, lo que hacía difícil creer en una aventura inventada. El 6 de junio ya declaraba al diario Kurier Polski que el testigo no podía haberse inventado semejantes detalles. La televisión nacional y la prensa recogieron la historia y, según recordaba Blania, aquel verano se hablaba de platillos volantes en las calles, en los cafés y en los autobuses, y los niños escribían «UFO» en las paredes y en los coches. Ante dos testigos, Wolski firmó un juramento: «Przysięgam uroczyście na Boga, że moja relacja o spotkaniu z kosmitami w dniu 10 maja 1978 r. jest absolutnie prawdziwa. Bóg świadkiem, że mówię prawdę»: juro solemnemente por Dios que mi relato del encuentro con los extraterrestres del 10 de mayo de 1978 es absolutamente cierto. Dios es testigo de que digo la verdad. Un resumen de 1980 del informe de Łódź dice que lo redactó un sacerdote; Antonio Huneeus escribió que convenció al cura de la aldea, de casi cien años. Entonces llegaron los visitantes. «A veces catorce autocares a la vez», se quejaba Wolski. «No me dejaban trabajar y me pisoteaban el prado».

Fuentes: Un encuentro cercano con criaturas «de cara verdosa» en Polonia en 1978UFO w Emilcinie. Były milicjant z wydziału kryminalnego od 41 lat prowadzi śledztwoTajemnica zdarzenia w Emilcinie. Czy w lubelskiej wsi rzeczywiście wylądowało UFO?Informe desde PoloniaNikt nie mówi, że wierzy w UFO. Wracamy do EmilcinaUna historia de otro mundo: la abducción extraterrestre y el régimen comunistaEl movimiento ovni en Polonia, y la historia de un CE-III polacoUFO w Polsce wylądowało we wsi EmilcinEl primer caso de abducción de Polonia es monumental

La trampa para mentirosos

No todos los detalles de los seres que llegaron al público eran de Wolski. En su libro de 1996 Zdarzenie w Emilcinie, Blania reveló que él y Kietliński habían ideado una «pułapka na ufo-kłamców», una trampa para mentirosos ufológicos. Animado por Blania, Wolski contaba a los visitantes rasgos falsos, el principal de ellos una insignia circular y brillante en el pecho de los seres, roja en un relato y amarilla con un punto rojo en otros; algunas versiones añaden los dedos palmeados a los detalles plantados. La idea era que cualquier testigo posterior que describiera los mismos hombrecillos verdes con la misma insignia lo habría sacado de los periódicos, mientras que uno que coincidiera con la descripción verdadera sin ella sería una prueba de peso. Quizá por eso las aletas aparecen en la entrevista de julio y en la prensa occidental, y por eso libros posteriores siguen dibujando a los seres de Emilcin con manos palmeadas. La trampa pareció saltar aquel otoño. El 27 de septiembre de 1978, cuatro días después de la emisión del documental sobre Emilcin, ocho escolares de Przyrownica, cerca de Łódź, contaron haber visto un ser de cara verde con un traje negro y una insignia redonda y brillante en el pecho; Blania, tras entrevistarlos, lo consideró un engaño. Al día siguiente, en Golina, cerca de Konin, Henryk Marciniak habló de unos seres pequeños que se interesaron mucho por su motocicleta WSK, y Blania lo trató como un segundo testigo auténtico. Décadas después, Bartosz Rdułtowski, autor de libros sobre misterios de la guerra que acabaría construyendo su propia teoría del caso, localizó a Marciniak. Este le respondió por escrito: «Proszę się ze mną nie kontaktować nigdy. To nieprawda»: por favor, no se ponga nunca en contacto conmigo. No es verdad.

Fuentes: Emilcin: hipnoza i fałszywi kosmici. Czy w „polskim Roswell” doszło do oszustwa?Tajemnica zdarzenia w Emilcinie. Czy w lubelskiej wsi rzeczywiście wylądowało UFO?Entrevista con el abducido Jan Wolski: 30.º aniversario de la abducción de EmilcinBUFORA Journal, vol. 8, n.º 3Przyrownica i Golina: czyżby błędy autora książki „Zdarzenie w Emilcinie”?Z polskimi ufologami w kwestii Emilcina wiele mnie dzieli: wywiad z Bartoszem Rdułtowskim

La piedra del diablo y el hijo en el bosque

El prado ya tenía su historia antes de 1978. En una versión, el padre de Wolski sacó de allí una piedra grande para usarla como cimiento de su granero; después, el granizo cayó solo sobre el huerto de la familia, las vacas murieron y el granero ardió, hasta que un sueño recurrente le ordenó devolver la piedra a su sitio, y así lo hizo. En la versión de Drozd fue el propio Jan Wolski quien se llevó la piedra a casa y soñó con una voz que le pedía «odwieź mnie z powrotem», llévame de vuelta. Los vecinos la llamaban la piedra del diablo. Según Drozd, Wolski y su hermana le contaron a Sawicka en 1978 que su padre había tenido una vez una visión en ese prado, un resplandor y una nube que se abría, «como un aleteo de angelitos». Wawrzonek habló de una antigua piedra de culto grabada con signos, enterrada a unos setenta metros al este del lugar. Se la llevaron a Varsovia, donde, según la leyenda, un profesor de la universidad agrícola la estudió y murieron un peón, varias vacas y una conejera entera. Drozd, que lo comprobó, solo encontró accidentes corrientes y una mala gestión de la granja, y asegura que hoy la piedra yace en un montón de escombros cerca de Konstancin, a las afueras de Varsovia. El hilo más sombrío es real. El 4 de febrero de 1981, Edward, el hijo de Wolski, fue hallado muerto y casi desnudo en el bosque, cerca del claro. Drozd, como oficial de la milicia, supervisó la investigación: tras una jornada de trilla y bebida, Edward se había sentado en una piedra, se había dormido y había muerto de frío, con unos dos gramos por litro de alcohol en la sangre. Ese mismo año, según el investigador polaco Kazimierz Bzowski, un equipo de televisión vio en el claro cómo un péndulo, con su cuerda y todo, desaparecía en medio de un círculo de más de diez personas.

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Hacia Occidente, con la fecha equivocada

Occidente se enteró de lo de Emilcin pronto, pero mal. El International UFO Reporter de julio de 1978, a partir de Kurier Polski, lo fechó el 17 de mayo, describió un aparato de examen «comparado con una máquina de rayos X» y señaló que artículos posteriores del mismo diario decían que el granjero probablemente había visto un helicóptero y a su tripulación. Los ufólogos británicos lo conocieron por Marek Iwaniec en Skywatch, y el BUFORA Journal de junio de 1979 también dio el 17 de mayo. El propio artículo de Blania en el International UFO Reporter en 1983 dio el 19 de mayo, y esa fecha viajó hasta Abduction, de Jenny Randles, en 1988, donde Wolski se convertía en el raro abducido que lo recordaba todo sin hipnosis. Brad Steiger lo contó ese mismo año como «Examinado por “hombrecillos verdes” en Polonia», y Janet y Colin Bord presentaron a Wolski como uno más de los muchos testigos que vieron hombrecillos verdes. El informe occidental más completo, obra de un club ovni de Wrocław, apareció en la revista francesa Lumières dans la Nuit en 1989 y en Flying Saucer Review en 1991, con los registros meteorológicos, los croquis y todas las discrepancias entre los investigadores expuestas. Timothy Good, en Alien Base, en 1998, escribió sobre el aparato: «Hasta donde yo sé, la forma de aquel objeto no se parecía a ninguna de las descritas jamás». The Field Guide to UFOs, en 2000, archivó el caso con el veredicto «Solución escéptica: ninguna».

Fotografía en color, de cerca, de un cartel de carretera verde con el nombre Emilcin sobre una placa blanca con la silueta negra del perfil de una aldea con la aguja de una iglesia, a la que se ha añadido un pequeño platillo volante plateado; unas ramas frondosas tapan en parte ambos carteles, y una señal de dirección verde y desenfocada hacia Poniatowa y Dąbrowa asoma entre el follaje oscuro abajo a la izquierda.
El cartel a la entrada de Emilcin el 25 de agosto de 2023, con un platillo plateado añadido al perfil de la aldea. Foto: 24april1975, CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons. Fuente de la imagen · CC BY 4.0 · 24april1975

Fuentes: Foreign ForumOvnis en PoloniaBUFORA Journal, vol. 8, n.º 3El movimiento ovni en Polonia, y la historia de un CE-III polacoAlien Abductions: The Mystery SolvedThe UFO AbductorsModern Mysteries of the WorldUn encuentro cercano con criaturas «de cara verdosa» en Polonia en 1978Rencontre rapprochée du 3e type en Pologne: Emilcin, 10 mai 1978Alien Base: Earth’s Encounters with ExtraterrestrialsThe Field Guide to UFOs

Un cubo sobre una piedra

Wolski habló en el tercer Congreso Ufológico de Lublin en septiembre de 1985 y nunca cambió su historia. Murió en enero de 1990 y fue enterrado en el cementerio parroquial de Opole Lubelskie. Blania murió en 2003. El 15 de octubre de 2005, la Fundación Nautilus, con sede en Varsovia, inauguró un monumento en la aldea: un bloque de granito sin desbastar con una placa oscura y pulida y, encima, un cubo metálico en equilibrio sobre una de sus esquinas, diseñado por el pintor Andrzej Fogtt como guiño al monolito de 2001: Una odisea del espacio. Se alza en el campo de un vecino de la aldea y no en el prado, porque la nuera de Wolski no lo quiso allí. La inscripción dice: «10 maja 1978 roku w EMILCINIE wylądował obiekt UFO. Prawda nas jeszcze zadziwi…»: el 10 de mayo de 1978 aterrizó en Emilcin un objeto ovni. La verdad aún nos asombrará… Desde entonces la aldea celebra pícnics ovni; el proyecto de un museo fracasó cuando los herederos se negaron a vender la casa de Wolski; en 2011 se enterró una cápsula del tiempo con instrucciones de abrirla en 3011, y hoy una cámara web vigila el cubo las veinticuatro horas. En abril de 2025, Projekt UFO, de Netflix, convirtió el asunto en un drama ambientado en una aldea ficticia, con Wolski reimaginado como apicultor.

Fotografía en color de un alto bloque de granito sin desbastar sobre un suelo arenoso, con la cara superior pulida y oscura y una inscripción blanca, y un brillante cubo metálico en equilibrio sobre una de sus esquinas en lo alto, contra un cielo de un azul intenso con cirros finos, una hilera de pinos y un campo con montones de paja detrás.
El monumento ovni de Emilcin, inaugurado por la Fundación Nautilus en 2005, fotografiado en 2006 o antes. Foto: Lukke, CC BY-SA 2.5, vía Wikimedia Commons. Fuente de la imagen · CC BY-SA 2.5 · Lukke

Fuentes: UFO lądowało w Polsce? Prawda wyszła na jaw po 35 latachCmentarz parafialny w Opolu Lubelskim: wyszukiwarka grobówLa abducción de EmilcinEl primer caso de abducción de Polonia es monumentalPomnik UFO, Andrzej FogttUFO w EmilcinieNikt nie mówi, że wierzy w UFO. Wracamy do EmilcinaMonumento ovni de EmilcinMuzeum UFO ma powstać w EmilcinieIle prawdy w nowym serialu Netflixa o UFO? Fakty o EmilcinieUna historia de otro mundo: la abducción extraterrestre y el régimen comunista

ACUDE A LA FUENTE

Fuentes y entrevistas

Las fuentes se mantienen en su idioma original; sus títulos y descripciones están traducidos.

Entrevista con el abducido Jan Wolski: 30.º aniversario de la abducción de EmilcinUFO Casebook, mayo de 2008, a partir de Projekt NPN · traducción al inglés de la entrevista grabada por Henryk Pomorski y Krystyna Adamczyk en Emilcin el 6 de julio de 1978 · Wayback MachineRelacja Jana Wolskiego (Emilcin, 1978)Projekt NPN · YouTube · audio de la entrevista del 6 de julio de 1978Odwiedziny, czyli u progu tajemnicyDocumental de Telewizja Polska, 1978 · con Jan Wolski, su hijo, la familia Popiołek y el doctor Ryszard Kietliński · YouTubeŁąka na skraju wszechświataMałgorzata Sawicka · reportaje radiofónico de Polskie Radio Lublin, 1978, republicado el 29 de abril de 2025„Widzę jakieś potworaki”. Jak rolnik z Emilcina furmanką wiózł kosmitówPolskie Radio 24 · con fragmentos de las grabaciones de Jan Wolski hechas por Małgorzata Sawicka en 1978Un encuentro cercano con criaturas «de cara verdosa» en Polonia en 1978Club de Wrocław para la Divulgación y la Exploración de los Ovnis (WCPE-UFO), editado por Gordon Creighton · Flying Saucer Review, vol. 36, n.º 1, marzo de 1991 · Internet ArchiveRencontre rapprochée du 3e type en Pologne: Emilcin, 10 mai 1978WCPE-UFO · Lumières dans la Nuit n.º 299, septiembre–octubre de 1989 · Internet ArchiveForeign ForumInternational UFO Reporter, vol. 3, n.º 7, julio de 1978 · a partir de Kurier Polski, vía John Brent Musgrave y Jo Ann Silvis · Internet ArchiveEl movimiento ovni en Polonia, y la historia de un CE-III polacoZbigniew Bolnar · International UFO Reporter, vol. 8, n.º 6, noviembre–diciembre de 1983 · Internet ArchiveOvnis en PoloniaMarek S. Iwaniec · Skywatch n.º 30, Manchester Aerial Phenomena Investigation Team, finales de 1978 · Internet ArchiveBUFORA Journal, vol. 8, n.º 3British UFO Research Association, junio de 1979 · con los informes de Emilcin y Przyrownica · Internet ArchiveInforme desde PoloniaMarek S. Iwaniec · Journal UFO, vol. 2, n.º 3, U.P. Investigations Research, Mississauga, Ontario, 1980 · resumen del informe de Łódź publicado en Kultura el 5 de noviembre de 1980 · Internet ArchiveUFO Newsclipping Service n.º 218Septiembre de 1987 · reproduce un artículo de J. Antonio Huneeus en el New York City Tribune del 23 de abril de 1987 · Internet ArchiveEl primer caso de abducción de Polonia es monumentalAntonio Huneeus · Open Minds · 11 de enero de 2010Alien Base: Earth’s Encounters with ExtraterrestrialsTimothy Good · Century, Londres, 1998 · capítulo 18, «Beyond Belief» · Internet ArchiveThe Field Guide to UFOsDennis Stacy y Patrick Huyghe · Quill, Nueva York, 2000, pp. 100–101 · Internet ArchiveAlien Abductions: The Mystery SolvedJenny Randles · Inner Light, 1988 (edición británica: Abduction, Robert Hale), p. 172 · Internet ArchiveUna historia de otro mundo: la abducción extraterrestre y el régimen comunistaMarek Kępa · Culture.pl, Instituto Adam Mickiewicz · julio de 2017UFO w Polsce wylądowało we wsi EmilcinCezary Polak · Fakt · 29 de septiembre de 2015 · cita el semanario Panorama de 1978 · Wayback MachineUFO w Emilcinie. Były milicjant z wydziału kryminalnego od 41 lat prowadzi śledztwoDaniel Gnap · Wirtualna Polska · 6 de octubre de 2019 · con Krzysztof DrozdUFO lądowało w Polsce? Prawda wyszła na jaw po 35 latachOnet · 2015 · entrevista con Bartosz RdułtowskiZ polskimi ufologami w kwestii Emilcina wiele mnie dzieli: wywiad z Bartoszem RdułtowskimParadoks · 2024Emilcin: hipnoza i fałszywi kosmici. Czy w „polskim Roswell” doszło do oszustwa?Ciekawostki Historyczne · 13 de mayo de 2021 · con el relato de Blania-Bolnar sobre la «trampa para mentirosos ufológicos» y comentarios de lectores de Krzysztof DrozdNikt nie mówi, że wierzy w UFO. Wracamy do EmilcinaMilena Kuchnia · OKO.press · 2023 · cita el documental de 1978 y a los vecinos de hoyTajemnica zdarzenia w Emilcinie. Czy w lubelskiej wsi rzeczywiście wylądowało UFO?Gazeta.pl · 201845 lat temu w Emilcinie wylądowało UFO. Nawet jak Jankowi nie wierzyli, to się nie śmialiDziennik Wschodni, Lublin · mayo de 2023Muzeum UFO ma powstać w EmilcinieDziennik Wschodni, Lublin · 2008 · Wayback MachinePrzyrownica i Golina: czyżby błędy autora książki „Zdarzenie w Emilcinie”?Fundacja NautilusPomnik UFO, Andrzej FogttSztuka Publiczna · sobre el monumento de 2005 en EmilcinMonumento ovni de EmilcinAtlas Obscura · Wayback MachineIle prawdy w nowym serialu Netflixa o UFO? Fakty o EmilcinieNational Geographic Polska · 2025The UFO AbductorsBrad Steiger · Berkley, Nueva York, 1988, pp. 50–52 · Internet ArchiveModern Mysteries of the WorldJanet y Colin Bord · Grafton, Londres, 1989 · Internet ArchiveCmentarz parafialny w Opolu Lubelskim: wyszukiwarka grobówRegistro del cementerio parroquial de Opole Lubelskie · entradas de Jan Wolski (1907–7 de enero de 1990) y Edward Wolski (1941–4 de febrero de 1981)UFO w EmilcinieWikipedia, wolna encyklopediaLa abducción de EmilcinWikipedia en inglés

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